A menudo el dolor de espalda que solemos sentir es fruto del desgaste del día a día. Los esfuerzos hechos en posiciones forzadas de manera repetida y la acción de la fuerza de la gravedad que comprime nuestro cuerpo durante toda la jornada, generan tensiones musculares anómalas y bloqueos articulares que sumados son los responsables del dolor musculo esquelético presente en nuestra vida cotidiana

Estas molestias se pueden aliviar realizando sencillos ejercicios que compensan cargas sufridas por  nuestro cuerpo durante el día. Si conseguimos realizarlos como hábito conseguiremos que no se acumule su efecto llegando a producir una lesión cuya solución será más complicada y requerirá la ayuda de la fisioterapia o la osteopatía.

Aquí presento como ejemplo dos sencillos ejercicios cuyo objetivo es compensar sobre todo el efecto de la fuerza de la gravedad sobre nuestro organismo, y corregir tensiones musculares que pueden fijar una mala postura.

TÚMBATE EN EL SUELO

Este ejercicio sorprendentemente sencillo tiene unos beneficios sobre tu espalda que ni tan solo imaginas.

Consiste simplemente en estirarse boca arriba en el suelo o en una superficie dura. Esto último es importante porque si la superficie  es  blanda y amortigua las deformidades posturales estaremos impidiendo su corrección.

Una vez estirados realizamos respiraciones profundas pero no forzadas y sobre todo muy lentas. Nuestra atención debe estar a la vez en la respiración y en la sensación de contacto de nuestro cuerpo con el suelo.

A cada respiración debemos sentir como el aire entra y sale, y el movimiento que imprime a nuestros pulmones y nuestro abdomen. También debemos notar con cada espiración como nuestro cuerpo se relaja y aumenta la superficie de contacto con el suelo.

Estamos sometidos durante todo el día a la fuerza de gravedad que comprime nuestro cuerpo. Gran parte de la función de nuestros músculos   consiste precisamente en luchar contra esa fuerza para poder mantenernos erguidos y realizar los movimientos necesarios de nuestra vida cotidiana.

Realizando este ejercicio durante diez minutos al día conseguimos neutralizar momentáneamente esa fuerza que nos comprime verticalmente. Al realizar respiraciones sobre la superficie dura, nuestro cuerpo se va relajando y expandiendo como una gota de aceite, así compensamos el sufrimiento causado por la fuerza de la gravedad durante el día.

CUÉLGATE DE UNA BARRA

Este ejercicio es más conocido que el anterior o por lo menos más practicado aunque sea de manera instintiva.

El objetivo es el mismo, luchar contra la fuerza de la gravedad y el efecto de compresión sobre nuestro cuerpo. Al  colgarte de una barra horizontal no tan solo estás neutralizando la fuerza de la  gravedad si no que le reviertes obteniendo así los beneficios de una tracción vertical, esta tracción aliviará los efectos nocivos de toda una jornada de compresión.

El error que se suele cometer al realizar este ejercicio es el no hacerlo de manera progresiva. Si cuelgas y cargas sobre tus brazos de manera súbita el peso de tu cuerpo lo que vas a conseguir en  vez de relajar los músculos es tensarlos todavía más.

 Te aconsejo que la barra esté a una altura tal que toques con los pies en el suelo una vez colgado. De esta manera podrás cargar colgarte progresivamente simplemente flexionando las rodillas.  La  separación de las manos es un poco más allá de los hombros, tiene que ser una postura cómoda para los brazos, si no te los puedes lesionar.

Este ejercicio es más intenso que el otro, por tanto con cinco minutos bastará. También es muy importante realizar respiraciones profundas  y lentas pero no forzadas. En cada espiración  notaremos como nuestro cuerpo se relaja y se estira un poco más.

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