Desde el punto de vista psicológico la tristeza en sí no es algo patológico, es algo natural del ser humano. Es un estado de ánimo más. El problema es cuando esta afecta a nuestras actividades cotidianas y genera un malestar, la tristeza es una “alarma” nuestro cuerpo intenta comunicarnos que algo no va bien. En ese momento tendemos a eliminarla a toda costa.

La tristeza puede ser síntoma de distintas situaciones, es la respuesta de nuestro cerebro a sucesos no placenteros, puede aparecer ante la elaboración de un duelo (pérdida de un ser querido), puede ser el inicio de una depresión, es la emoción que aparece ante un cambio importante en nuestra vida, también puede producirse simplemente por la ausencia de reforzadores. En general aparece por situaciones que escapan a nuestro control y por ello es algo tan frustrante.

Esta emoción en sí suele ir acompañada de sentimiento de fracaso, frustración, ansiedad, sensación de inutilidad, negativismo, disminución de energía, disminución de la capacidad de concentración…..y por ello nos afecta tanto.

Sentir tristeza es normal siempre y cuando sea proporcional y ante un hecho coherente, lo preocupante seria no sentirla cuando la situación lo requiere, en este caso también podría ser una situación patológica y habría que investigar que está pasando.

La tristeza cómo emoción patológica se entiende cuando afecta negativamente a nuestra conducta y con ella a nuestro entorno, o incluso cuando nos produce síntomas físicos cómo los dolores psicosomáticos,  alteraciones de la postura, fibromiagia o síndrome de fatiga crónica. La tristeza cómo emoción patológica aparece cuando la persona entra en un círculo vicioso del en el cual cada vez siente más apatía y menos voluntad por salir, actitud que se retroalimenta con la agravación de los síntomas físicos. Por tanto ante cualquier hecho traumático que nos despierte tristeza muy intensa es importante consultar con un profesional, en este caso un psicólogo para evitar que la situación nos desborde y podamos caer en un circulo vicioso patológico. Si ya nos encontramos sumergidos en dicho circulo podemos encontrar varias maneras de romperlo:

  • Analizar nuestra conducta y la repercusión que esta tiene en nuestra persona y nuestro entorno, descubrir cuales son las acciones que nos hacen sentir tristes y evitarlas.
  • Analizar la influencia que tiene nuestro entorno en nosotros, y como nosotros interpretamos dicha influencia
  • Tratar los síntomas físicos que nos produce nuestro estado anímico

 

Lo más importante es entender que la tristeza es una de nuestras emociones y que con tiempo en ocasiones y con ayuda de un profesional en otras es algo sencillo de eliminar o al menos de reducir.

¡Deja de preocuparte por lo que te hace llorar y empieza a pensar en lo que te hace reír!

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