El uso en exceso de las tecnologías, puede ser un problema para del desarrollo emocional y social de un niño.

Cada vez nos acostumbramos más a la inmediatez, ya que hoy en día las tecnologías nos dan esa posibilidad, tenerlo todo al momento de quererlo: juegos, información, contacto con un amigo, ubicaciones exactas….

Esto afecta a la hora de afrontar la tolerancia a la frustración ya que en el momento que hay que esperar un tiempo para conseguir algo entra el estrés, la impaciencia, las exigencias, llegando incluso a problemas de comportamiento.

La tolerancia a la frustración es algo indispensable que se desarrolla principalmente en la infancia. Hay que educar al niño a la espera, explicarle que a veces es bueno que las cosas se hagan esperar. Una Baja tolerancia a la frustración se relaciona también con una baja autoestima ya que es habitual el sentimiento de frustración al no conseguir que las cosas sucedan como y cuando ellos quieren.

También cabe remarcar la hiperestimulación a la que están sometidas las generaciones de hoy en día, están acostumbrados a recibir varios estímulos del exterior simultáneamente, esto conlleva a que si no se está sobre estimulado los niños se aburren, no son capaces de no hacer nada, o de jugar a imaginar cosas, porque nunca han aprendido, nunca han tenido la ocasión.

El hecho de estar continuamente hiperestimulado lleva a falta de atención ya que al final se tiende a estar en todo a la vez pero a nada al 100% esto puede derivar en problemas en el colegio, en los estudios y en un déficit de atención.

Es necesario dar herramientas a los niños para que ellos mismos sean capaces de gestionar esos sentimientos de rabia o frustración, que ellos mismos sean capaces de eliminar estímulos externos y centrarse únicamente en uno, en lo que están haciendo.

Por ello es muy importante el papel de los padres a la hora de explicar el uso de las tecnologías, poniendo una limitación y dejando claro que las tecnologías no son más que una herramienta, un medio para facilitar las cosas, no es un juguete, no es un sustituto de otros juegos o actividades físicas y mucho menos es un derecho.

Es recomendable incluso firmar un contrato donde se establezcan las obligaciones del niño al tener un móvil, una consola etc. Donde se clarifique en que consiste su uso, un horario y unas limitaciones que se tienen que cumplir.

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