El pádel ha experimentado un gran auge en los últimos años y los practicantes se han multiplicado exponencialmente. Muchos lo consideran un deporte que no requiere mucha preparación física, y practican este deporte sin supervisión ni información sobre la ejecución correcta de la técnica, propiciando la aparición de lesiones.

El pádel es un deporte requiere giros bruscos, cambios de ritmo y dirección constantes y, a pesar de la creencia popular de que las lesiones más comunes se localizan en las extremidades superiores (hombro, codo y muñeca) al ser un deporte de raqueta, lo cierto es que las articulaciones que se ven más comprometidas son las del pié y tobillo. Los gestos más frecuentes en el pádel son los desplazamientos laterales, la  carrera frontal, el split setp y los giros de pivote. Todos ellos, se realizan mediante un apoyo sobre el antepié (zona del pie formado por metatarso y falanges). La velocidad a la que se realizan los desplazamientos es directamente proporcional a la presión sobre dicha zona del pié, es decir, a mayor velocidad del deplazamiento, mayores picos de presión sobre el antepié. Estos picos de presión sobre el antepié sobrecargan la planta del pié y están estrechamente relacionados con lesiones tales como fascitis plantar, sesamoiditis o fracturas por sobreesfuerzo de los huesos del complejo articular del tobillo y pie, patologías frecuentes en deportes de raqueta en general.

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Además el apoyo constante sobre el antepié, sobresolicita los flexores plantares. El más importante de ellos es el tríceps sural (formado por gemelos interno y externo, y sóleo), pero recordemos que el flexor largo de los dedos, el tibial posterior, y en menor medida los peroneos corto y largo, y el plantar delgado también són felxores plantares. García Aredo y Ares Bella observaron una gran prevalencia de microroturas en el tríceps sural en jugadores de padel, por lo que se evidencia la necesidad de ejercitar bien esta musculatura para retrasar o evitar la aparición de la fatiga y prevenir lesiones de este tipo. Algunos jugadores de pádel también sufren roturas en isquiotibiales por ser un deporte de naturaleza explosiva, aunque ni se acerca a la frecuencia de lesiones en el tríceps sural. Las roturas en isquiotibiales en el pádel suelen producirse en una arrancada brusca, por ejemplo cuando arrancamos des del fondo de la pista para ir a buscar una pelota cerca de la red.

También son frecuentes los esguinces de tobillo después de un golpeo forzado mientras se realiza un deslizamiento controlado de los pies. Durante dichos deslizamientos, el área interna del pie es la que contacta primero con el suelo, produciendo una gran palanca en relación con el eje de la articulación subestragalina. Si no hay un correcto deslizamiento entre la suela y la hierba, es más que probable que el jugador de pádel sufra una torcedura de tobillo que le dañe los ligamentos laterales del tobillo. La elección del calzado es muy importante y debemos tener en cuenta que hay suelas con surcos longitudinales (en espiga) que favorecen el agarre cuando jugamos en pistas con mucha arena, o suelas multitaco con punto de pivote en el antepié (omni) para facilitar los giros cuando la pista tiene poca arena. Además una buena zapatilla de pádel debe tener una buena amortiguación y debe permitir el desacoplamiento entre el antepié y el retropié.

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Y por último, aunque no sean lesiones tan usuales, no obviar las tendinitis en hombro y codo (epicondilitis y epitrocleítis) por una mala ejecución del gesto (mala técnica de golpeo) o incluso la tendinitis del tendón rotuliano por las arrancadas y frenadas bruscas.

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